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Diego Brancatelli: “a los kirchneristas nos encanta la buena vida”

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A días de terminar el ciclo de América que estuvo casi una década al aire, el panelista habla de su participación en el programa y la relación con sus compañeros, reafirma su lealtad a Cristina Kirchner.

Forjó un personaje polémico, provocador, que marcó el ritmo del debate. Llegó al programa como un ignoto periodista deportivo y cerró el ciclo como un “imprescindible”. Fue el único panelista que estuvo los diez años que duró Intratables.Se convirtió en uno de los más claros exponentes del “periodismo militante”, aunque él prefiera definir su estilo como un “periodismo sin caretas”. Se reconoce, con mucho orgullo, como el más leal a Cristina Kirchner y toma distancia de otros periodistas “que han tenido un cambio que deberán explicar”.

Diego Brancatelli (45) hace “memoria y balance” de estos diez años que le cambiaron la vida. “Nunca imaginé que el programa iba a durar tanto tiempo, porque estaba pensado para el verano. Mi personaje fue de menor a mayor. Los que venían sabían que los iba a molestar. Además de tener buena información, me propuse incomodar al entrevistado, preguntarle lo que no quiere que se le pregunte. Pero se terminó, ahora me siento raro y vacío”, comienza.

Intratables marcó un punto de inflexión en su carrera. “Yo no era tan popular y con el programa logré que cualquier gerente, director o empresario de los medios me conozca y eso es muy bueno. Aunque costó mucho”. El ritmo del debate que impuso Intratables, a puro vértigo, no daba lugar a grandes exposiciones. Cada intervención debía buscar un efecto inmediato. Diego Brancatelli fue uno de los que mejor entendió la mecánica de la discusión. Y así lo explica: ”A veces, en esa vorágine de estar en vivo y de saber que cuándo se prende la cámara tenés que decir lo que se te cruza por la cabeza… porque si te pones a analizar, fuiste… Los panelistas sabíamos que eran seis segundos: lo que no dijiste los primeros seis segundos no lo vas a decir más. Después, está en la capacidad y en la inteligencia de cada uno ver cómo elaboraba el argumento para decirlo. Pero reconozco que hubo veces que dije barbaridades. Aún sabiendo que tenía razón”.

-¿Las peleas entre ustedes, los panelistas, eran reales?

-Sí, las peleas internas eran reales. Algunas, tal vez, con un golpe abajo del cinturón, pero eran aceptadas. A Vilouta le llegué a decir que se arregle la carmela…

-Algunas de esas “peleas aceptadas” trascendieron la pantalla.
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Un personaje provocador y amante del kirchnerismo. Brancatelli sostiene orgulloso que él nunca cambió sus convicciones

-¿Lo decís por Silvia Fernández Barrio?

-Sí, con ella pasó eso. Silvia es una mujer que estaba retirada y que volvió, pero que sigue con la mentalidad de la tele de los 80, que no conoce Google. Dice que a mí me pasaban información los servicios secretos… ¡Cualquier cosa! Igual prefiero que piense que tengo contactos con los servicios secretos antes que se entere que encontré todo en Google, porque me baja a mí el precio.

-En un cruce, le dijiste a Silvia Fernández Barrios que tenías información sobre ella que ibas a revelar. ¿A qué te referías?

-Sí, tengo mucha información sobre ella, pero no me la contaron los servicios secretos, sino que es el runrún de los pasillos. Pienso que quizás, si ella habla de “servicios secretos”, es porque tiene información de que eso pasa. La verdad es que a mí nunca me pasaron, aunque me encantaría tener información clasificada. Me encantaría tener ese poder. ¿Sabes lo que hubiese sido yo con carpetazo secreto? Me hubiese hecho un festín… pero bueno hoy en Google está casi todo.

-¿Alguien pidió tu cabeza?

Sí, creo que muchas veces pidieron mi cabeza. Pero nunca terminé de comprobar si fue cierto o no.

-En una entrevista, Fabián Doman dijo que cuando a él le toco asumir la conducción del programa querían sacarte del panel y él se opuso.

-Sí, bueno… a mí me contaron todo lo contrario. Pero ya está, quedó en el pasado. Hubo momentos en el que los debates eran muy agresivos y al directorio del canal no le gustaba eso, querían algo más ameno. Sé que Liliana Parodi me defendió con uñas y dientes. No voy a dar nombres, pero los conductores que dicen que salvaron mi cabeza en realidad eran los que la pedían.

-¿Cómo llegabas a tu casa después de los programas más intensos?

-Eso lo fui manejando. Hubo momentos que llegaba muy mal, muy angustiado. Me hice mucha mala sangre, en muchos momentos.

-¿En algún momento pensaste en renunciar?

-Sí. Hubo momentos en los que sentí que eran muchos contra mí, que era desigual. Yo sentía que tenía razón, que representaba lo que la gente pensaba en la calle, pero el producto estaba hecho de una manera tan desequilibrado que yo volvía cuestionado a casa. Todos contra mí. Los productores me decían que me relaje, que era un programa de televisión y que la vida era otra cosa. Pero yo siempre me lo tomé en serio.

-A lo largo de los diez años se sucedieron momentos inolvidables. ¿Recordás alguno en particular?

-Fueron muchos. Como Luis D’Elía con su grito de “Amor, amor, amor”. Ese fue un momento de mucha tensión. O cuando llamó (Jaime) Stiuso.

-¿Viviste muchos momentos incómodos en la calle?

Solo dos. La primera vez, en el Unicenter. Tuve un almuerzo de trabajo en el shopping y después me quedé grabando una protesta de empleados que reclamaban la reincorporación de compañeros despedidos. Estaba en eso cuando aparece una vieja que me empieza a gritar “¡Ay, sos Brancatelli!”, “¡Cristina!”, “¡Sos corrupto!”. Yo estaba con mi mujer, embarazada de ocho meses. Me alejé y la señora me persiguió por todo el shopping. Después se le sumó un viejo de Santiago del Estero… Ahí no sabés qué hacer, si pegarle una trompada o irte. Me fui, pero me acompañaron con los insultos hasta el estacionamiento. Y después pasó lo de Miami.
 

 

-¿Qué es “lo de Miami”?

-¿Qué te parece que estaba haciendo en Miami? Te doy tres opciones. ¿Estaba por alquilar un yate, estaba en Swarovski comprando joyas o estaba en Dolar Tree, que es una tienda de todo por un dólar? Me estaba probando un perfume berreta con un olor a alcohol en Dolar Tree. De hecho, uno me lo traje. Y una señora me siguió con el celular diciéndome: “¡Qué lindo, Nac&Pop (”nacanpop”, dice, por Nacional y popular) en Miami!”. Ese día no le dije nada, pero le hice una denuncia. Porque en Estados Unidos está prohibido grabarte sin autorización, mucho menos ese escrache.

-¿Por qué creés que hay gente que le incomoda verte en Miami?

-Porque no se banca esa igualdad de oportunidades, de poder viajar. Creen que Miami es una tierra a la que solo pueden ir la oligarquía y los chetos. No se bancan que un peronista en ojotas esté ahí comprando un perfume. Además, deben tener una concepción equivocada de que a mí no me gusta viajar: a mí me gusta ir a Nueva York, a París…

-Tal vez piensan que, si uno tiene una ideología que defiende lo nacional y popular, y el valor de nuestra moneda, debería sostenerla con el ejemplo y vacacionar en el país.

-¿Y quién dice que es así? Hay que empezar a romper esos moldes. De hecho, yo conozco todo el país. Pero si yo me quiero tomar vacaciones en Miami, tengo todo el derecho. Esa es una de las injusticias y peleas absurdas que se armaron entre kirchneristas y antikirchneristas. Yo leí en el libro de Cristina que el lugar preferido de Néstor era Nueva York. Los kirchneristas también tenemos buen gusto, nos encanta la buena vida. No somos solamente cacerola con arroz. Nos gusta ir a un salón vip, viajar en primera, nos gusta ir a Miami... No crean que nos tenemos que conformar. Esta chica bastante “chetonga” pensó que yo no debía estar en Miami porque seguramente les ensuciaba la imagen que tenía.

-¿Qué relación tenés con Cristina Fernández de Kirchner?

-No tengo relación con Cristina. La conozco de dos o tres reuniones en las que estaba ella, pero nunca estuve con ella así como estamos nosotros, mano a mano.

-¿Ni siquiera un mensaje por whatsapp o un saludo por un intermediario?

-No, pero me hubiese gustado un “che, tomá un audio para vos de Cristina”. [Imitando la voz de la vicepresidenta] “Diego gracias por todo“. Igual, por otro lado, eso me da cierta libertad. Todo lo que hice fue por mi, desde mis convicciones y el sentido común, con mis errores y mis aciertos. No hubiese sido lo mismo si yo era empleado o amigo de ella.

Igual, para el gran público, sos su fan número uno.

-Muy pocos hicieron por ella en los medios lo que hice yo. De hecho pienso que debo ser el más leal, el que nunca cambió. Porque hay algunos que la criticaban y hoy la aman./La Nación


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